A siete años del 15M asistimos a una reactivación de la movilización social. El movimiento feminista ha levantado una ola de protesta transversal, con una gran capacidad para cuestionar el orden económico al señalar como el problema principal de nuestra época el conflicto entre el capitalismo y la reproducción y sostenibilidad de la vida. El feminismo no está solo: pensionistas, trabajadoras precarias o inquilinos por el derecho a la vivienda apuntan líneas de conflicto que están ampliando esta movilización.

Ninguno de los elementos sustanciales que provocaron la crisis política ha encontrado solución. La situación económica, a pesar de los discursos triunfalistas que hablan de recuperación, sigue anclada en el escenario abierto por el crash financiero. No se han restablecido los niveles de vida anteriores a la crisis ni podemos hablar de un horizonte de estabilización continuado ni de bienestar para las mayorías sociales. Por tanto, no creemos a quienes dicen que hay que rebajar los discursos, así como las esperanzas y apuestas de cambio, porque “el clima es otro”.

“Salir de la crisis” significa hoy que se normalice la precariedad y el empobrecimiento de la mayor parte de la población. Es un hecho que se puede constatar en los barrios, en los pueblos, en las familias o en los centros de trabajo. Lo saben las personas migrantes, las mujeres, la gente trabajadora, las personas y familias desahuciadas, los estudiantes. Los discursos de la política oficial siguen chocando con la realidad.

Desde que emergieron partidos y candidaturas municipalistas al calor del ciclo abierto por el 15M y el ecosistema de las Mareas y las luchas contra los recortes hemos asistido a un rápido proceso de institucionalización de la nueva política. Esto ha implicado la absorción de los lenguajes y las formas de la política tradicional. En muy poco tiempo se pasó del “venimos a cambiar las instituciones” a adoptar el estilo moderado y de responsabilidad institucional característico de la izquierda del bipartidismo.

Es evidente que hay un cierto desencanto, una fuerte caída de la participación en los espacios de la nueva política, que contrasta con el auge de nuevas movilizaciones. Se vuelve a votar de forma rutinaria y sin ilusión. Sin embargo, las preocupaciones de la gente todavía tienen mucho que ver con la crisis de régimen que el 15M puso en primer plano. Según el último CIS, lo que más inquieta a la población después del paro es la corrupción, seguido de los partidos y los políticos.

Sin embargo, ¿podemos hablar de derrota? Nada de lo que ha sucedido ha opacado nuestras posibilidades ni ha cerrado para siempre la situación. Miramos a nuestro alrededor y vemos que hay fuerza para seguir intentándolo. Pero para eso tenemos que generar un espacio lo más amplio y diverso posible.

Tenemos claro que el oponente no solo es el PP. Ciudadanos tiene la frescura de una derecha sin complejos ni peajes. Hoy Cs amenaza con llevarnos a nuevas formas de derechización; la formación naranja no tiene empacho en estimular el resentimiento en los barrios experimentando con formas lepenistas y un programa neoliberal desenfrenado. Ahí radica su verdadero peligro. Atomizar la sociedad, empobrecerla, recortar las libertades, para fomentar una salida autoritaria y antidemocrática de la crisis. Urge una alternativa sólida y plural frente a la fuerte ofensiva en curso.

 

Una apuesta por Madrid

 

Madrid es un laboratorio fundamental. La descomposición del bipartidismo puede ser el inicio del avance inexorable de Ciudadanos o el inicio de algo nuevo si somos capaces de construir una fuerza plural, democrática y radicalmente transformadora. Por eso pensamos que hay que sumar. Es necesario construir la unidad popular, una verdadera confluencia ciudadana desde abajo, tratando de federar diferentes propuestas, respetando la autonomía de las partes pero buscando los puntos en común.

Esta propuesta es, ni más ni menos, lo que funcionó en Ahora Madrid para ganar el ayuntamiento, recogiendo las medidas programáticas de la sociedad organizada y garantizando mecanismos para que las decisiones colectivas se cumplan. Unas primarias abiertas, proporcionales y democráticas son fundamentales para ese mestizaje, para abrir las puertas de las candidaturas a la población madrileña, para ir más allá del monopolio de los partidos sobre la política. Consideramos que es un método que se puede aplicar en la Comunidad de Madrid y también en muchos municipios.

Queda un año para lograrlo. Una nueva ola de movimiento barre la geografía peninsular: la huelga del 8M, las movilizaciones de pensionistas, la reemergencia de los movimientos de personas sin papeles, la vitalidad del movimiento de la vivienda y su ampliación a las luchas de inquilinas e inquilinos, los nuevos conflictos laborales… Se está generando algo nuevo por abajo. Una ola que nos puede llevar lejos. Partir de ese impulso es lo fundamental para retomar la potencia que nos llevó a las instituciones a partir de 2014 con una propuesta de cambio radical. Vinimos a cambiarlo todo, no a convertirnos en paisaje de fondo, en comparsas “progresistas”, en pactistas desesperanzados.

Comencemos a trabajar desde todos los espacios posibles en esa dirección.

A siete años del 15M asistimos a una reactivación de la movilización social. El movimiento feminista ha levantado una ola de protesta transversal, con una gran capacidad para cuestionar el orden económico al señalar como el problema principal de nuestra época el conflicto entre el capitalismo y la reproducción y sostenibilidad de la vida. El feminismo no está solo: pensionistas, trabajadoras precarias o inquilinos por el derecho a la vivienda apuntan líneas de conflicto que están ampliando esta movilización.

Ninguno de los elementos sustanciales que provocaron la crisis política ha encontrado solución. La situación económica, a pesar de los discursos triunfalistas que hablan de recuperación, sigue anclada en el escenario abierto por el crash financiero. No se han restablecido los niveles de vida anteriores a la crisis ni podemos hablar de un horizonte de estabilización continuado ni de bienestar para las mayorías sociales. Por tanto, no creemos a quienes dicen que hay que rebajar los discursos, así como las esperanzas y apuestas de cambio, porque “el clima es otro”.

“Salir de la crisis” significa hoy que se normalice la precariedad y el empobrecimiento de la mayor parte de la población. Es un hecho que se puede constatar en los barrios, en los pueblos, en las familias o en los centros de trabajo. Lo saben las personas migrantes, las mujeres, la gente trabajadora, las personas y familias desahuciadas, los estudiantes. Los discursos de la política oficial siguen chocando con la realidad.

Desde que emergieron partidos y candidaturas municipalistas al calor del ciclo abierto por el 15M y el ecosistema de las Mareas y las luchas contra los recortes hemos asistido a un rápido proceso de institucionalización de la nueva política. Esto ha implicado la absorción de los lenguajes y las formas de la política tradicional. En muy poco tiempo se pasó del “venimos a cambiar las instituciones” a adoptar el estilo moderado y de responsabilidad institucional característico de la izquierda del bipartidismo.

Es evidente que hay un cierto desencanto, una fuerte caída de la participación en los espacios de la nueva política, que contrasta con el auge de nuevas movilizaciones. Se vuelve a votar de forma rutinaria y sin ilusión. Sin embargo, las preocupaciones de la gente todavía tienen mucho que ver con la crisis de régimen que el 15M puso en primer plano. Según el último CIS, lo que más inquieta a la población después del paro es la corrupción, seguido de los partidos y los políticos.

Sin embargo, ¿podemos hablar de derrota? Nada de lo que ha sucedido ha opacado nuestras posibilidades ni ha cerrado para siempre la situación. Miramos a nuestro alrededor y vemos que hay fuerza para seguir intentándolo. Pero para eso tenemos que generar un espacio lo más amplio y diverso posible.

Tenemos claro que el oponente no solo es el PP. Ciudadanos tiene la frescura de una derecha sin complejos ni peajes. Hoy Cs amenaza con llevarnos a nuevas formas de derechización; la formación naranja no tiene empacho en estimular el resentimiento en los barrios experimentando con formas lepenistas y un programa neoliberal desenfrenado. Ahí radica su verdadero peligro. Atomizar la sociedad, empobrecerla, recortar las libertades, para fomentar una salida autoritaria y antidemocrática de la crisis. Urge una alternativa sólida y plural frente a la fuerte ofensiva en curso.

Una apuesta por Madrid

Madrid es un laboratorio fundamental. La descomposición del bipartidismo puede ser el inicio del avance inexorable de Ciudadanos o el inicio de algo nuevo si somos capaces de construir una fuerza plural, democrática y radicalmente transformadora. Por eso pensamos que hay que sumar. Es necesario construir la unidad popular, una verdadera confluencia ciudadana desde abajo, tratando de federar diferentes propuestas, respetando la autonomía de las partes pero buscando los puntos en común.

Esta propuesta es, ni más ni menos, lo que funcionó en Ahora Madrid para ganar el ayuntamiento, recogiendo las medidas programáticas de la sociedad organizada y garantizando mecanismos para que las decisiones colectivas se cumplan. Unas primarias abiertas, proporcionales y democráticas son fundamentales para ese mestizaje, para abrir las puertas de las candidaturas a la población madrileña, para ir más allá del monopolio de los partidos sobre la política. Consideramos que es un método que se puede aplicar en la Comunidad de Madrid y también en muchos municipios.

Queda un año para lograrlo. Una nueva ola de movimiento barre la geografía peninsular: la huelga del 8M, las movilizaciones de pensionistas, la reemergencia de los movimientos de personas sin papeles, la vitalidad del movimiento de la vivienda y su ampliación a las luchas de inquilinas e inquilinos, los nuevos conflictos laborales… Se está generando algo nuevo por abajo. Una ola que nos puede llevar lejos. Partir de ese impulso es lo fundamental para retomar la potencia que nos llevó a las instituciones a partir de 2014 con una propuesta de cambio radical. Vinimos a cambiarlo todo, no a convertirnos en paisaje de fondo, en comparsas “progresistas”, en pactistas desesperanzados.

Comencemos a trabajar desde todos los espacios posibles en esa dirección.